Y saltamos. 
Atacándonos.
Mordiéndonos sin llegar al hueso.
Probando nuestra propia fuerza.
Desafiándonos con agresividad.
Cuando nos tambaleamos entre el odio y la incapacidad de esta,
somos el reflejo de un suicidio limpio.
Intentando amortizar el hundimiento
cuando no somos más que un efímero y ligero,
pensamiento.